domingo, 7 de septiembre de 2025

XVIII: San Rosendo 🚂

    El día viernes partimos rumbo a San Rosendo, y estaba súper emocionadaaa. Teníamos que juntarnos todos en la estación de tren a las 8 de la mañana porque nuestro tren salía como a las 8:29. Llegué a tiempo, así que todo bien, nos subimos sin problema. Los primeros 20 minutos del viaje estuvieron súper tranquilos, charlando con el grupo, viendo por la ventana y con ganas de un cafecito.

    De repente, nos hicieron parar en un punto para cambiar de tren. La verdad no entendí muy bien por qué, pero era demasiado temprano para pensar en eso jjj, así que solo seguí a la gente con mucho frío. Estuvimos ahí un rato esperando pero finalmente llegó nuestro segundo tren. El viaje continuó y fue bastante relajado, aproveché para descansar un poquito, mirar el paisaje y se me hizo más corto de lo que pensaba.

    Al llegar a San Rosendo, lo primero que hicimos fue reunirnos en la plaza central para recibir las instrucciones de la visita. Nunca había estado en este pueblo, y aunque nuestra intención no era hacer turismo, es imposible no quedarse un rato mirando el paisaje. La plaza tiene un aire muy tranquilo y acogedor, con árboles, bancas y el suelo bien cuidado. Desde ahí se ve claramente la antigua estación ferroviaria, que se asoma como un hito histórico del lugar y marca el corazón de la ciudad.


    Nuestro primer destino fue el parque de dinosaurios, donde subimos hasta lo más alto y desde ahí tuvimos una vista increíble de la estación y del río Laja. Me sorprendió la mezcla entre la naturaleza y la historia del pueblo: el río, los cerros y el trazado urbano se combinan de una manera que te hace sentir pequeño, pero conectado con el entorno.


    Bajamos del parque y nos dirigimos directo a la estación, dando una vuelta que nos llevó hasta el puente hacia Laja, siguiendo el río por un parque larguísimo que casi parecía el Parque Ecuador SAJHDGHAJ. Fue un paseo genial, porque además de apreciar la vegetación y el agua, íbamos descubriendo pequeños detalles del lugar: árboles con raíces gigantes, senderos bien marcados, y la tranquilidad que tiene todo el sector- a parte de la construcción a un lado que, al preguntar, nos dijeron que estaban armando un espacio que conmemoraba la estación abandonada.


    Cuando finalmente llegamos a la estación, me quedé fascinada. Es un edificio antiguo, lleno de historia y muy bien conservado. Las vías, los andenes, las oficinas antiguas y la casa de máquinas. La estación todavía tiene ese aire de actividad pasada que se mezcla con la paz del presente. Me impresionó cómo la historia ferroviaria sigue siendo parte de la identidad del pueblo y cómo organiza la forma en que se mueve la gente y se estructuran los espacios.




    Después de tanta vuelta y caminata, fuimos de nuevo al pueblo. Ya casi eran las dos, así que decidimos hacer una pausa para comer. Había varios lugares pequeños, nada muy grande como restaurante, así que terminamos optando por comer completos, y estaban deliciosos jjj. Con la watita llena seguimos recorriendo el pueblo, explorando calles pequeñas, mirando los colores de las casas y conversando con algunos vecinos.

    Mientras caminaba, me di cuenta de varias cosas importantes sobre San Rosendo:
  • La ubicación junto al río Laja lo hace precioso, pero también hay que tener en cuenta los riesgos de inundación, especialmente en los sectores bajos cerca del agua.
  • Las laderas del Cerro Centinela muestran que algunas zonas pueden tener deslizamientos o remociones de tierra, sobre todo después de lluvias fuertes.
  • El casco urbano tiene una estructura muy simple y cercana: la plaza central y la estación ferroviaria son los puntos clave, alrededor de los cuales se organizan las casas, comercios y servicios.
    Hay una relación muy interesante entre la naturaleza y la ciudad: los cerros, el río, los parques y los espacios abiertos hacen que San Rosendo tenga personalidad y sea muy agradable para caminar y explorar.

    Lamentablemente, no podía quedarme hasta tarde, así que con algunos miembros de mi grupo decidimos volver y tomar el tren de las 3. Pero definitivamente quiero regresar. Esta vez planeamos quedarnos más rato, aprovechar para recorrer más el pueblo y disfrutar de un almuerzo tranquilo, porque siento que aún hay muchos rincones por descubrir.

    Fue un día largo, frío a ratos, pero súper enriquecedor. Pude confirmar muchos puntos que ya había investigado antes: la ubicación estratégica junto al río y los cerros, la importancia del ferrocarril en la historia del pueblo, la estructura urbana centrada en la plaza y la estación, y los riesgos naturales que hay que considerar si uno piensa en desarrollar algo ahí.

        
    San Rosendo puede parecer chiquitito, pero tiene mucha historia, identidad y paisajes increíbles. Me quedo con la sensación de que, aunque sea un lugar pequeño, hay mucho por aprender, observar y disfrutar. Y la próxima visita promete ser aún mejor, con más tiempo para recorrer, sacar fotos y disfrutar de todo lo que ofrece este pueblito.

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