domingo, 6 de abril de 2025

Semana IV: Aventura culinaria (y muchas charlas)

 

Restaurant Rita

El viaje comenzó temprano. Salimos en bus a las 9 de la mañana rumbo a Tumbes. Apenas llegamos, nos reunimos con nuestro grupo (somos cuatro) para organizarnos antes de comenzar la actividad. Pero en vez de lanzarnos directamente a explorar, decidimos hacer una pequeña parada estratégica: fuimos a un restaurante local a tomar un té y comernos una empanada.

    Ahí mismo tuvimos nuestra primera entrevista. Uno de los camareros, Luis, se ofreció a contarnos un poco sobre el lugar. Nos habló de varios sitios populares como el Fuerte Tumbes, el faro y la iglesia del pueblo. Además, nos pasó el contacto de Marcela Daza, presidenta de la junta de vecinos, con quien conversamos más tarde y nos entrego información sobre las mayores problemáticas que suelen ser mencionadas en reuniones generales. 

    Luis nos habló de uno de los episodios más duros del pueblo: el maremoto. El mar se llevó consigo varias casas de la orilla. Como ayuda, desde Chiloé llegaron ocho casas prefabricadas. Nos contó que antes, las casas en Tumbes solían ser grandes, pero después del desastre, las nuevas viviendas no respondían bien a las necesidades de la comunidad, especialmente de los adultos mayores, que componen la mayoría de la población. La distribución era incómoda y no pensada para ellos. 

Casas reconstruidas tras maremoto arrasara con la orilla.

    También me envió su Tesis universitaria que se enfocaba en los meses después de el terremoto y los efectos que este tuvo en la vida de los habitantes al momento de la reconstrucción.

    También nos relató la historia de la muralla del buey, una formación natural que hoy separa la playa del mar. Según se dice, antes del maremoto, esa playa ni siquiera existía. Después de la tragedia, el paisaje cambió completamente, creando esa franja de tierra entre la muralla y el océano.
San Pedro, patrón de los pescadores.

    Otro punto importante que nos mencionó fue la festividad de San Pedro, patrón de los pescadores, que se celebra cada 29 de junio. Es una de las pocas celebraciones que aún se mantienen vivas en el pueblo.

    Más adelante, hablamos con Don Jaime, un ex pescador, que nos habló con cariño de sus años en el mar. Para él, Tumbes siempre ha sido un lugar tranquilo, sin mucha delincuencia.

    Una señora que trabaja en la junta de vecinos nos habló de la historia más antigua del lugar. Su familia llegó a Tumbes para trabajar en los fundos, y en esa época, la zona era conocida por la caza de ballenas. Se usaba todo del animal: desde los huesos hasta el aceite. Los dueños de los primeros fundos fueron los Olivares.

    Nos comentó además el malestar que existe por la falta de unidades de emergencia. Hubo un gran incendio en el pasado, y fue la misma gente la que tuvo que organizarse para evitar que se propagara. También nos explicó que muchos de los restaurantes actuales nacieron tras el terremoto del 2010, cuando muchas casas se vinieron abajo y decidieron reconstruirlas como locales gastronómicos a lo largo de la orilla.

Restaurant RitaMar

    Después, mientras almorzábamos, entrevistamos a otro joven mesero que nos habló del crecimiento turístico del pueblo. Nos contó que después de la emisión de la teleserie Santo Ladrón en el año 2000 —grabada en Tumbes—, aumentó bastante la popularidad del lugar. Eso, sumado a la reconstrucción tras el terremoto, convirtió al pueblo en el punto gastronómico que es hoy en día

    Más tarde, conversamos con un ex pescador que nos contó sobre la Isla Quiriquina, donde existió una prisión durante la dictadura de Pinochet. En ese tiempo, los militares ocupaban gran parte del territorio, y era necesario tener permisos para todo. Nadie podía acercarse a la isla ni pescar cerca de esa zona.

    Finalmente, hablamos con la presidenta del sindicato de pescadores. Compartió su experiencia como hija de pescador y su propia vida ligada al mar. Fue muy crítica respecto a cómo la industrialización ha afectado la pesca artesanal. Nos explicó que nunca hubo una regulación seria hasta ahora, y que muchas especies ya han desaparecido. Hoy, los principales productos del mar en la zona son la luga y la sardina. Pero algo que nos sorprendió fue enterarnos de que la pesca local y los restaurantes no están conectados: los restaurantes compran en la ciudad, probablemente ligado a la falta de animales marinos necesarios para tal negocio.

    Este viaje fue mucho más que una salida académica. Fue una inmersión en la historia viva del lugar, contada por sus propios habitantes. Tumbes guarda memorias, luchas, pérdidas, y una tremenda capacidad de adaptarse y resistir. Me voy con la sensación de haber conocido un lugar profundamente humano, lleno de historias que merecen ser contadas.

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